lunes, 31 de enero de 2011

Mi primer San lunes

Es lunes. Sack se despierta luego de una terrible noche…. Le cuesta mucho dormir porque su estructura de lana y botones no incluía párpados, y conciliar el sueño viendo todo lo que hay alrededor lo hace aún más complicado.

“¿Cómo lo harán los peces?”, se preguntó. “Ellos tampoco pueden cerrar los ojos… quizás buscan un lugar lo suficientemente oscuro para simular que tiene párpados, pero con tantas luces en las calles y yo al lado de la ventana no podré conseguir nada!”.

Fue entonces cuando el pequeño Sack se dio cuenta de que si no lograba descansar, no tendría fuerzas suficientes para encontrar maneras de salvar al mundo. “¡No podré ser el próximo jirou! ” (aún está aprendiendo  inglés, más que mal, es de Estados Unidos y algo alcanzó a escuchar a los embaladores de equipaje cuando lo trajeron a Chile).

Tenía que hacer algo.

Miró toda la oficina. Intentó meterse en un portalápices, pero su tamaño era pequeño  para su diminuto-gran cuerpo.  Se metió debajo de unos diarios, pero el aire acondicionado los movía a cada momento. “Achú!”, estornudó Sack, quien salió corriendo para evitar un resfrío.

Fue entonces cuando vio el librero. Este tiene una pequeña puerta en la que cual se guardan las hojas de impresora y la toalla nova. Por suerte estaba abierta (las puertas son muy pesadas para el pequeño Sack!).

Se subió con mucho esfuerzo a la pila de papeles y con la toalla nova se tapó. Alcanzó a dormir dos horas. Con la llegada de la gente y el ruido de los teclados se despertó. Y es recién lunes.



P.D.: A petición del público, y dada la inocencia que representa este personaje, se cambió el título de "Mi primer (maldito) lunes" a "Mi primer San lunes". Y es que es verdad, Sack no conoce malas palabras.

viernes, 28 de enero de 2011

Mi nuevo hogar...

Si bien Sack nació en una oficina, este no sería su destino final. Él presentía que estaba destinado a grandes cosas... pero no sabía cuales. 


Podría ser un astronauta y salvar al mundo del Armageddon, evitar el fin del mundo en el 2012, rescatar gatitos de los árboles (y es que resulta que su piel de lana es atractiva para los felinos!) o, inclusive, ser presidente de... algo.


Por el momento, sólo sabía que se cambiaría de oficina, eso seguro. No es que tuviera problemas con el jefe o sus compañeros, ya que con todos simpatizaba rápidamente, pero ya tenía reservas y el pasaje de micro comprado. De hecho, le costó juntar los $520 del transporte, dado que sin trabajo ni currículum, mucho no podía hacer.


Pero no se dedicó a mendigar. No, eso jamás. Resultó que Sack era y es bueno contando chistes y a medida que iba sacando sonrisas las monedas comenzaron a aparecer. Inclusive hasta pensó en seguir una carrera de humorista, con la cual hacerse rico y famoso... lo malo es que eso se contraponía con su idea de ser el héroe mundial... así que lo desechó.


Cuando fue entregado a unas manos más pequeñas (las mías!) para ser trasladado a su nuevo hogar, Sack, con mucho esfuerzo, sacó cada moneda recolectada para viajar en micro, pero ¡sorpresa! sólo se podía pagar con tarjeta..."Mmmmmm que mal, pero mejor, más para mí", pensó con una sonrisa en su cara abotonada.


Llegó a un edificio alto de 20 pisos, donde los vidrios reflejaban las nubes del cielo... era casi como ver un espejo gigante. Al llegar a su destino,  lo ubicaron al lado de una ventana. Podía ver como pasaban los autos, la gente pequeña que transitaba por las calles y las plantas y edificios que parecían de juguete. 


Fue ahí cuando pensó que estaba en la cima del mundo! "Aquí podré vigilar al mundo y empezar con mi proyecto de ser el futuro salvador!".


Pero claro está que eso era sólo el comienzo de muchas profesiones... y que sólo estaba en el piso 6.

jueves, 27 de enero de 2011

Mi primer día



La existencia de Sack comenzó en una pequeña bolsa que contenía su diminuta humanidad. 


No es más grande que la palma de una mano y sus ojos son botones, sin agujeros en su interior (si los tuvieran... sería doloroso, no?).


Lo entregaron una tarde calurosa de enero, cuando los 31 grados celcius del termómetro marcaron las gotas de sudor de varios santiaguinos, aún con aire acondicionado. Pero seguramente la temperatura dentro de esa pequeña bolsa era mayor.


Sack no podía salir de ese útero plástico sólo. Necesitaba ayuda para nacer. Y así fue como una mano ansiosa abrió el paquete y le entregó unos lentes de sol, para que no encegueciera con la luminosidad de la oficina que se convertiría en una parada temporal dentro de su largo viaje.... (sí, igual que los mineros!).